La prosa, amena y aguda, de Arthur Ruhl nos lleva de viaje por la geografía y las particularidades de los países centroamericanos, sin dejar de lado el asombro y, sobre todo, la emoción por la belleza natural de las montañas, las costas y los campos que, para entonces, estaban exentos de todo aquello que hoy nos molesta: el tráfico vehicular, la contaminación y el exceso de gente.
