América en ocho lenguas

Este volumen pertenece a la colección Literatura en Lenguas Originarias de América Miguel León-Portilla publicada por la Editorial de la Universidad de Guadalajara y reúne textos de ocho destacados escritores de siete culturas diferentes y de siete territorios muy distantes del continente.

En medio de dos lenguas es un texto de la poeta argentina de origen Liliana Ancalao incluido en esta obra. Agradecemos a la Editorial UDG de México por permitirnos compartir con nuestros lectores un fragmento del mismo. 

En medio de dos lenguas
Liliana Ancalo
Argentina

Sólo fue hace cien años, sin embargo, para mi generación parece que hubiese sido en un tiempo mítico. El pueblo mapuche se movía con libertad en su territorio, la gente se comunicaba con las fuerzas de la mapu. Mapuzungun significa el idioma de la tierra. La tierra habla, todos sus seres tienen un lenguaje y todos los mapuches lo conocían. 

El mapuzungun era la primera lengua y se enseñaba y aprendía en condiciones óptimas. A la sombra de los ancianos crecían los nuevos brotes, el verde perfecto que luego estaba delante de los rituales. Cerca del agua.  

Las mujeres cantaban los taüles que transmitían la fuerza, y el orgullo de ser quien se era no era un tema en cuestión. 

Pero la muerte bajó de los barcos en 1492 y llegó al sur en 1885. La Guerra del desierto y la Pacificación de la Araucanía, el Fütawinkamalón, significó la derrota militar, la ocupación del territorio por parte de los estados chileno y argentino “cuando se perdió el mundo” hace cien años. 

El mapuzungun se volvió el idioma para expresar el dolor, el idioma del desgarro cuando el reparto de hombres, mujeres y niños como esclavos. Un susurro secreto en los campos de concentración. El idioma de consuelo entre los prisioneros de guerra. El idioma para pensar. 

Fue el idioma del extenso camino del exilio, la distancia del desierto. La larga marcha de nuestros bisabuelos hacia las reservas. Ka mapu

A nuestros abuelos les tocó ir a la escuela rural y hacerse bilingües a la fuerza. Aunque fue el proscripto de la escuela y los maestros enseñaron a los niños a avergonzarse del idioma que hablaban en su hogar, el mapuzungun siguió vigente. La lengua de la tierra estaba en el aire de la oralidad, y “la castilla” en la escritura borroneada de los cuadernos. 

Antropólogos-lingüistas, ka molfunche, hicieron intentos de escribirlo, armaron diccionarios y gramáticas. Así como intentaron atrapar el territorio entre los alambrados, intentaron atrapar el sonido del mapuzungun en grafermas occidentales. 

Pero al interior de nuestro pueblo, la política del avergonzamiento hizo estragos. El mapuzungun pasó a ser un estigma, la marca de inferioridad de quienes ingresaban forzadamente al sistema capitalista, como mano de obra barata.

Tal vez fue una decisión de los ancianos el dejar de enseñarlo. ¿Pudieron reunirse? ¿Pudieron conversar en mapuzungun sobre el futuro? O simplemente callaron. Evaluaron que sus conocimientos ya no servirían, que los nuevos brotes podrían manejarse mejor sin ellos, en este nuevo mundo siempre amenazante, siempre señalando, siempre acusando, siempre sonriendo. 

El mapuzungun fue el idioma de la conversación de los ancianos, el idioma para convocar a las fuerzas de la intimidad del amanecer. El idioma para guardar. Para callar. 

La ciudad fue una posibilidad laboral y una posibilidad de estudio para los brotes. Se vinieron nuestros padres monolingües, sin mapuzungun a cambiar el ciclo natural del tiempo por horarios de trabajo y calendario escolar. 

Y nosotros ingresamos a la escuela del barrio, portando rostros y apellidos, sin idioma del cual avergonzarnos, con el castellano como primera y única lengua. Sin historia, sin memoria. 

Hablo del Puel Mapu y de la historia de mi familia que es la historia de muchas familias y que explica la pérdida de nuestro idioma como primera lengua, en la mayoría de mi generación. Hablo de una lengua milenaria y la ignorancia de los hombres que proyectaron un país sobre un territorio pleno de nombres, fuerzas y significativos, silenciándolo. Hablo de lo que nos perdimos. Todos. Todos los que nacimos sin saber el nombre de cada planta, cada piedra y cada pájaro en esta tierra….

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