Feminizar la historia

Porque la versión de las mujeres debe contarse

Carmina Nahuatlato Frías
Coordinadora de Promoción y Difusión de la Editorial UDG

La historia del mundo y su revolución no ha sido escrita sólo por hombres: las mujeres siempre han estado ahí, a veces escondidas, acalladas, pero siempre presentes. Aunque poco a poco se disipa la sombra que sus colegas hombres han tendido, y aún tienden, sobre ellas, son cada vez más fuertes las voces femeninas que con sus resonancias sororas escalan peldaños, rompen techos de cristal y buscan posicionar su lugar en la historia.

Hay diversos frentes en esta lucha y la academia es uno de ellos. Desde esta trinchera muchas son las que dirigen su ejercicio profesional a esta causa. Dos de ellas son la doctora Ileana Landeros y la doctora Celina Vázquez, ambas autoras de esta editorial (Editorial UDG), cuyo trabajo académico se centra en las mujeres, desde perspectivas distintas, pero con los mismos objetivos: visibilizarlas, contar sus historias y abonar a sus luchas. Platicamos con ellas sobre la importancia de insistir en los estudios sobre mujeres y lo que ellos aportan a la sociedad.

Ileana Landeros reside en España y trabaja con mujeres en riesgo de exclusión, un sector de la población al que muchas veces se considera falto de historias que contar; sin embargo, para Ileana no hay nada más lejos de la realidad que eso: estas mujeres son “madres, hermanas, amigas, trabajadoras” con ilusiones y sentimientos y como cualquiera de nosotras están llenas de historias. A lo largo de su trayectoria profesional ha buscado y contado historias de mujeres invisibles. Eso la ha llevado a visitar lugares tan lejanos como África o las profundidades de la India. Incluso su propia vida ha estado en riesgo. Su último trabajo, publicado por esta editorial, es Mujeres Dalit. Testimonios de historias no contadas, que recoge relatos de la casta que en la India corresponde al estrato más bajo, y en consecuencia este sector de la población vive en condiciones de extrema pobreza realizando labores y servicios públicos indignantes con sueldos prácticamente nulos y viviendo día a día discriminación y segregación.

Celina Vázquez es profesora investigadora de la Universidad de Guadalajara con más de 35 años de experiencia. Aunque al principio su carrera se enfocó en los estudios de la política, los acontecimientos que sucedían a su alrededor y la temprana conciencia de las condiciones y problemáticas de vida de las mujeres hicieron que su interés se volcara en los estudios de religión, pues le era claro que “la manera como pensamos, como nos visualizamos, como sentimos, está muy influenciada por las ideas religiosas que nos fueron heredadas desde que nacimos pero también a lo largo de la historia”. Ser académica en una sociedad como la tapatía donde somos “machos, mochos y muchos”, fue determinante: significó para Celina emprender una lucha por abrir puertas y hacer caminos para desarrollarse como profesionista y como madre en un entorno que, por su propia historia de vida, parecía excluirla de todas sus posibilidades. Así, ha centrado su trabajo académico en visibilizar las aportaciones y luchas silenciosas de las mujeres del siglo XX en sus diferentes contextos: profesional, artístico o la vida cotidiana.

Otra cosa en común entre Ileana y Celina es el punto de inflexión en su vida profesional que significó para ellas ser madres. De pronto se encontraron en un lugar que de alguna manera las ponía bajo las mismas condiciones de exclusión y desafío que a las otras, y a ambas las hizo cuestionar su lugar en el mundo y su labor en la academia.

Celina tuvo la necesidad de indagar sobre las mujeres que la habían antecedido, no sólo como una forma de conocer el pasado, sino como el mero inicio de un diálogo primero con una misma y luego con la sociedad: ¿qué me corresponde hacer?, ¿qué roles quiero y puedo asumir?

“Me vi igual que ellas”, dice Ileana al recordar sus travesías por las que pasó mientras llevaba consigo a su hijo pequeño. La horizontalidad en su trabajo se volvió fundamental: había que acercarse al otro con empatía y apertura, dejarse arropar: “Investigar y trabajar con mujeres es como ir al sastre y dejar que te hagan un traje a la medida”, eso significa ser una más del grupo, una mujer más de la comunidad, acercarse sin barreras para escuchar las historias que tengan por contar. Un trabajo horizontal es no ser la protagonista del relato sino ser el medio para que otras voces sean escuchadas.

Celina e Ileana se han empeñado en visibilizar las historias de las mujeres contra todos los prejuicios irrelevantes, imposibles de cambiar, llenas de prácticas tan arraigadas que se han normalizado, tan lejanas en el tiempo o del otro lado del mundo.

¿Hay resistencias? Desde luego. Nadie quisiera abandonar sus comodidades y dormir en el suelo entre ratones, en establos, o viajar en lo que se pueda, así sea un burro o una motocicleta a través del desierto, como en el caso de Ileana durante sus jornadas de trabajo de campo, o toparse cada día con las renuencias propias de una sociedad religiosa, que aunque poco a poco comienza a transformarse, todavía vive entre la culpa y la obediencia a la figura masculina permeando cada espacio social, incluso la academia, según relata Celina.

Entonces, ¿por qué insistir en los estudios de mujeres? Para Ileana siempre se ha contado la historia desde el punto de vista masculino, del vencedor, el emperador y pocos son los relatos desde lo femenino. Así que su apuesta es feminizar la historia, contarla y crearla con otros ojos, entender que las mujeres, desde su perspectiva, tienen otras historias que contar. Y es que para ella la historia del mundo y su revolución no la han hecho solamente los hombres. Las mujeres también han estado ahí.

Estamos de acuerdo con Celina cuando nos dice que hay que “conocer para transformar y crear un nuevo paradigma, una forma nueva de ver el mundo”. Creemos con ella que tenemos que pensar qué es lo que queremos construir como sociedad, desde el ámbito cotidiano y doméstico, desde la relación con los demás y entre las propias mujeres.

La editorial es nuestra trinchera. Somos el estrado para que autoras como Celina e Ileana entablen un diálogo con el resto del mundo, un diálogo abierto sobre las mujeres, profesionistas o no, de este lado del mundo o de algún lugar lejano. Queremos feminizar la historia, sumarnos a este ejército silente pero poderoso de académicas que trabajan con y por las historias de las mujeres.

Nuestras páginas están abiertas.

*Texto publicado en la revista Librero rojo de la Editorial UDG.

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