Tinta digital: avatares del libro en la actualidad

Fabricio Cerón Rivas
UDLA Ediciones

De las tablillas de arcilla a los papiros, de estos a las encuadernaciones rudimentarias y con tejido animal, hasta la imprenta y la publicación masiva, la ruta del libro es, en resumidas cuentas, un camino milenario. Tantos años y tantas culturas nos han permitido conocer, por medio de este instrumento tecnológico, sus vivencias diarias, su imaginación, sus leyes y ordenamientos, su legado. Borges, quizás el escritor que mayor adicción desarrolló por los libros, decía con destacable sabiduría que el libro era una extensión de la mente, de la memoria, y con ello el objeto más importante de todos los que fueron creados para regocijo y salvación de la humanidad.

Con el cambio de siglo, un lamento se expande y retoma cada nuevo año: la muerte del libro. La tecnología que nos envuelve ha generado cambios drásticos e irreversibles que nos posicionan en nuevos espacios de vivencia. Tan lejos nos ha llevado la pantalla negra del celular y el computador que ante una pandemia como la que aconteció en el mundo, desde el 2019, casi nadie se sintió afectado en su desarrollo productivo. Su vida laboral se trasladó a la cercanía del hogar sin mayor inconveniente e incluso nuevas formas de coexistencia fueron probadas con el fin de analizar el nuevo salto que deberíamos dar en el futuro.

El libro, en ese contexto, resurgió en sus diversas formas. Físico o digital, fue una parte fundamental de la sobrevivencia pues el encierro no impedía que la imaginación sobrepasara los muros y se trasladara a esos mundos ficticios o reales que se encierran en sus páginas. Mucha gente, para sorpresa de todos, prefirió las publicaciones de papel, quizás por una nostalgia de ese pasado cercanísimo en el que se podía vivir sin el miedo a morir por un virus microscópico. Sin embargo, en general, la circulación de conocimiento fue inmediata, casi en segundos, gracias al internet y su velocidad.

Hoy, que recordamos esos momentos de angustia con una cierta tranquilidad por el desarrollo en tiempo récord de una vacuna, volvemos a pensar en el destino del libro. Sorprendentemente, este sigue siendo igual a como lo concebimos desde siempre: un paralelogramo, en diversos tamaños, con páginas en blanco y escrito con tinta negra. No importa si lo vemos en una pantalla o en páginas impresas, lo palpamos de igual manera con nuestras manos y lo vivenciamos y sentimos.
Hasta estos momentos, el libro digital es una tímida apuesta. Aún no podemos reconocer ni delimitar sus alcances. Sigue siendo un futuro poco explorado, y todo lo escrito, hasta hoy, mantiene un rostro que reconocemos y aceptamos.

La escritura para entornos digitales, la cual permite vincular videos, imágenes y audios en el mismo texto es sorprendente. No obstante, de alguna forma, se mantiene como un enigma o algo similar a un truco de magia que nos asombra un momento pero que no podemos asimilar por completo.

Desde Ecuador, UDLA Ediciones, la casa editorial de la Universidad de Las Américas, ha vivido está expectativa con interés. Confiamos en el libro impreso y su incalculable valía, pero debemos analizar también esas nuevas fronteras que nos exigen actualizar nuestras perspectivas. En ese sentido, vemos al libro digital como la posibilidad de alcanzar una distribución expandida por los territorios libres de fronteras, en la nube; como un espacio para la libertad de argumentación, dada su extensión infinita. Vemos al libro digital como una fuente académica en constante robustecimiento y cambio, la cual pueden consultar investigadores de todo el mundo.

Nuestro gran aliado en esta búsqueda es la empresa colombiana Hipertexto-Netizen. Su experiencia y conocimiento en la creación y distribución de libros digitales por todo el mundo nos ha servido para ampliar la visión y visibilizar nuestras publicaciones en otros territorios. Creemos que el trabajo en investigación de nuestros profesores es valioso y muchas veces invisibilizado por el mercado local. Si en dos años se pudo concebir y crear una vacuna, cuántas cosas podrían lograrse si la investigación en todas las ramas del pensamiento llegara a los pensadores adecuados, que buscan nuevas perspectivas e influencias.

Si bien nuestros libros mantienen un formato tradicional, y fueron pensados para ser impresos, el futuro nos lleva a evaluar cómo actuar de ahora en adelante. Desde este año, los libros de UDLA Ediciones saldrán, netamente, en un formato digital. Es una decisión que sale de la esperanza: en que los debates se enriquezcan, los desarrollos intelectuales se pluralicen y la academia se expanda. Queremos que esos proyectos desarrollados con tanta pasión por nuestros profesores tengan la relevancia que se merecen: la impronta de un aporte para el conocimiento universal.

En este futuro que se acerca cada día más al presente, los libros son archivos que se cargan en un aparato electrónico, como sucede con la gasolina en los automóviles. Y, pienso, cumplen la misma función: ser el impulso, en este caso del conocimiento, que nos lleva a nuevos caminos hacia la posteridad.

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