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La literatura infantil y su importancia desde la primera infancia

María Corbetta - Javier Gorrais - Roberto Coco
Docentes de la Diplomatura en Literatura Infantil y Juvenil (UCALP, Argentina)

El contacto de la literatura y los niños comienza mucho antes de que se conviertan en lectores autónomos. La palabra poética aparece desde la primera infancia, a través de nanas, canciones, susurros que los adultos les regalan en cada arrullo y abrazo. Aquellas voces serán su libro, y los tonos de voz, sus narradores, sus personajes; el canto, la poesía misma. Así se pueblan los estantes de la biblioteca interior que cada lector forma desde el contacto con las primeras manifestaciones estéticas desprendidas de esas bocas.

Luego, llegarán los libros y el universo se amplía, se vuelve mágico: libros sencillos, ilustrados, de tela, libros álbum. El mundo mismo e infinito encerrado en ellos: se cobijan en las bibliotecas, en ese paraíso, al decir de Borges. Y allí estarán niños y niñas junto con la literatura para hacerse amigos, confidentes, refugio. Historias que quedarán en su memoria, imágenes que recordarán por siempre, porque la literatura en la infancia deja una grata huella para toda su vida.

Leemos en María Luján Picabea que la literatura para la infancia es un compartir con los niños el placer de la lectura, rodeándolos de afecto y entrega de un momento de exclusividad. Mientras dure la historia estará activo el triángulo mágico generado entre lector experto, lector en formación y libro[1]. Estas palabras nos permiten pensar el impacto que genera en el desarrollo de los niños no solo a nivel cognitivo, sino también en lo afectivo, en lo vincular: leer para otro, con otro, representa un acto de presencia, escucha y ofrenda. En definitiva, el encuentro entre un niño y un libro siempre esconde un acto de mediación. El acto de “lecturar”, en términos de María Emilia López (2020), no es más que el encuentro entre palabra, voz, gesto, tono, cuerpo, la caricia junto con la palabra poética hecha libro, canción, ilustración, poesía, narración:

[…] cada experiencia de lecturar contiene marcas propias de la subjetividad de quien lectura […] Lecturar es […] producir ese baño narrativo, lingüístico, poético, que tiene carácter de iniciación, y que pone en acción profundos procesos psíquicos, intelectuales, afectivos, simbólicos, de los que depende en gran parte el acontecimiento de convertirse en lector[2].

Al crecer, aun cuando aparece la lectura autónoma y convencional, el niño no se aleja del encuentro con su mediador: su independencia le brinda ahora herramientas para convertirse en lector. Lee para otros, para sí mismo, para seleccionar, desechar, preferir. El mundo de la literatura se hace cada vez más extenso, infinito, novedoso, atractivo y, a su vez, alcanzable.

¿De qué dependerá la persistencia de la literatura en sus vidas? Primero, de su presencia desde la primera infancia, la cual necesita un acto de mediación. La figura del mediador cobra vital importancia en la vida de un niño desde que nace, representada en sus allegados, pero también sus docentes, quienes tendrán la función de brindar ese encuentro: en algunos casos por primera vez o en otros como complemento de lo que sucede en su hogar. El docente o bibliotecario, el narrador oral, como mediadores de lectura garantizan en la infancia el encuentro con la palabra poética, el descubrimiento de la ficción, el placer de la historia narrada, el poder atractivo de la canción. Por ello, la literatura desde los primeros años constituye una auténtica y significativa experiencia para la construcción de seres responsables y para la futura transformación del mundo.

[1] Picabea, M. (2016). Todo lo que necesitás saber sobre literatura para la infancia. Bs. As., Argentina: Paidós.

[2] López, María Emilia (2020). En línea: https://www.jardinlac.org/post/lecturar

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