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La primavera de los libros

Camilo Ayala Ochoa

Durante 2010 Sergio Pitol presentó Una autobiografía soterrada que anunció sería su último libro. Pitol luchaba contra una afasia progresiva que lo hizo perder el lenguaje y tenían que leerle. Nos cuenta Pitol que fue criado por su abuela en una casa atiborrada de libros. Sucesivamente se le habían muerto el padre, la madre y la hermana; y de los cinco a los 12 años no pudo salir a la calle por las secuelas en su salud que le había dejado la malaria. Pasó esos años leyendo y siguió su vida satisfaciendo esa inagotable hambre de lectura. En varias ocasiones declaró que la literatura le salvó la vida, como podía salvar a México. Ese fue el mensaje de Sergio Pitol: ante la muerte, la lectura y la escritura.

En efecto, la historia del libro es una historia del miedo a la muerte. Los escritores, impresores, editores, libreros y bibliotecarios han buscado trascender, dejar una huella en la vida de otros. Los libros son legados y lo han sido desde que tenían como soporte a las piedras. Más allá de eso, son una alternativa a la muerte, un trayecto de búsqueda de sentido, una razón de vida.

Al difícil ambiente de enfermedad, dolor y muerte que es la pandemia por Covid-19, se sumaron el distanciamiento y la reclusión. Cerraron escuelas, restaurantes, jardines, paseos, cines, teatros, museos, galerías, entre otros sitios en el que se consumía cultura. Muchos vieron en los libros, sobre todo de las bibliotecas personales, la solución para pasar el tiempo. Nada más alejado a la realidad lectora.

Los libros no son parte del botiquín de primeros auxilios o una puerta de escape. No son una segunda opción de recreación y por eso roza la comicidad el planteamiento de qué libro nos llevaríamos a una isla desierta. La lectura es más que un acompañamiento para días felices o días tristes. Gustavo de Elorza definía la educación como la capacidad de crear futuro en las personas y eso es también la lectura, es concebir futuro. Podemos leer libros y olvidarlos, ¡claro que sí!, pero el conjunto de nuestras lecturas nos va reinventando.

Los malos tiempos, como las enfermedades, no son malos totalmente y han significado renovación y mejoramiento. Por ejemplo, el desarrollo biomédico de los últimos meses ha sido espectacular. También, las poblaciones lectoras, quienes tenemos el arrobo de los libros, hemos comprado en línea, experimentado lecturas en pantalla y leído más. La ciberedición, los catálogos en línea y los epitextos virtuales se han ido perfeccionando.

La lectura, como a Sergio Pitol, nos ha salvado la vida, incluso en estos tiempos epidémicos, y lo seguirá haciendo. Respiramos libros para evitar languidecer.

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