Page 5 - Tendencia Editorial | Edición Especial 2021
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Hace algunos años, cuando trabajaba en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara al frente del área de expositores y profesionales, pensaba todo el tiempo en lo mucho por hacer para que el mercado editorial encontrara en la Feria aquello que era importante y necesario para sus empresas: lo que les haría crecer, cómo llevar sus publicaciones a nuevos territo- rios, llegar a otros públicos y, sobre todo, hacer circular sus contenidos en el vasto mundo de los libros.
Esa intención, la de procurar los negocios, era entonces el motor para la creación de muchos programas, espacios y actividades que me correspon- dió dirigir o en los que, en su caso, participé. Hoy, a cargo de la Librería Carlos Fuentes de la Universidad de Guadalajara, mentiría si digo que el motor es otro, me engañaría si pensara que convertir este proyecto en un negocio exitoso, no es o no debe ser el objetivo primordial. Por el con- trario, quienes estamos al frente de una librería, ya sea como empleados o como dueños, tenemos la obligación de sostenerla y hacerla sobresalir en el mercado editorial; eso es fundamental e indispensable para brindar algo más allá que solo la venta de libros, para tener la posibilidad de pro- poner y llevar a cabo proyectos de impacto social, para poder actuar en consecuencia de esta labor cuyo eje central es compartir conocimiento, ideas, información e historias.
Cada librería, en su singularidad, debe tener la capacidad para sor- tear las transformaciones de la industria del libro, entender su cambiante dinámica y enfrentar de manera creativa las limitaciones propias de su negocio y las que impone el mercado. Eso es lo que le brinda el verdadero valor, el aporte y la razón de ser de una empresa cultural que a lo largo de la historia ha sorteado todo tipo de vicisitudes.
Es sabido que las librerías, según el lugar en donde se encuentren, re- presentan para las editoriales un porcentaje importante de las ventas: el 30 o 40 por ciento. Pero más allá del número, son sin duda un aporte in- dispensable, uno de los pilares que sostiene la industria y no solo porque así se establezca en la conformación de lo que actualmente conocemos como cadena del libro, sino porque cada una cumple una función única y fundamental. Sean de barrio, de cadena, de nicho, de viejo, infantiles, pequeñas, grandes o medianas cada una tiene una razón de ser para el público que ha formado, para la comunidad que atiende, para los pro- veedores con los que tiene relación y para los autores con los que tiene alguna conexión, aun cuando, tanto el librero como todos estos actores sean anónimos. El valor económico, cultural y social de la librería está intrínseco en la propia labor del día a día, independientemente de que algunas sean o no espacios activos y abundantes en actividades, la acción de llevar el libro a las manos del lector es crucial.
En mi experiencia coordinando la creación de la Librería Carlos Fuen- tes, y ahora dirigiéndola, podría afirmar que todas las teorías y conceptos que hasta ahora he conocido sobre las librerías, el ser libreros y las libre-
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