Page 12 - Tendencia Editorial No. 26 | 2021
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bte: ¿Cómo la Editorial de la Universidad Veracruzana afrontó el 2020? ¿Qué tanto impacto tuvieron las restricciones implementadas, como el cierre de instalaciones y cuarentena en la editorial?
égv: Algo interesante que nos pasó el año pasado, cuando llega el confinamiento y nos dicen: “se tienen que ir a su casa y ver cómo pueden resolver todo lo relacionado a la editorial”, es que prácticamente tenía- mos resuelto todo. Apoyados en las plataformas digi- tales, el desarrollo de los canales para impresión bajo demanda, los tirajes cortos para demanda inmediata, la alianza con bibliotecas y los procesos de edición de li- bros digitales de manera remota, pudimos sobrellevar la contingencia del 2020. Estoy seguro de que, si no hu- biésemos venido desarrollando y fortaleciendo dichos canales digitales, el 2020 hubiera sido muy lamentable para nuestra editorial.
bte: ¿Alguna oportunidad de crecimiento o fortalecimiento que haya tenido
la editorial durante el 2020?
égv: Con todo este desarrollo y fortalecimiento de ca- nales y procesos de edición, lo que vimos el año pasado fue un crecimiento muy grande en la publicación digi- tal. La demanda, tanto de libros de acceso abierto, como de libros digitales, creció de una manera muy generosa, más del doble con relación a otros años, y lo interesante es que, desde entonces, se ha mantenido ese crecimien- to. Así que para nosotros ha sido muy satisfactorio ver que el trabajo de todos estos años encontró una salida natural y que la asignación del proyecto editorial conti- núa y crece a través de estas plataformas digitales.
bte: Dado que no solo fueron oportunidades las que se presentaron el año pasado, ¿qué nos puede decir de los retos y dificultades que tuvo que afrontar la Editorial de la Universidad Veracruzana para fortalecer el proyecto editorial que viene liderando?
égv: Lo que fue un reto y cayó en un 70 % fueron las ventas de libros en físico. Especialmente, porque mu- chos de los canales que teníamos para su distribución, como eran las ferias de libro, se cancelaron. También pasó con las librerías, otro de nuestros canales de distri- bución. Muchas librerías cerraron de manera temporal y algunas otras de manera permanente, por lo cual, des-
de la editorial decidimos generar y fortalecer las alian- zas con las librerías, principalmente con las librerías independientes que, a mi parecer, en México y en otras partes del mundo, son el eslabón más débil de la cadena del libro. Y son el eslabón más débil porque en Méxi- co uno puede encontrar apoyos para los autores, apoyo para escritores, para la publicación, producción e im- presión un libro, pero nada para uno de los canales más importantes en la distribución de libros: las librerías.
Ya para finales del año 2019 se había consolidado la Red de Librerías Independientes de México, la reli, que agrupa cerca de 30 librerías independientes en todo el país y que, a través de una página web y un catálogo en conjunto, ha permitido el envío de libros a distintos lectores. Con dicha red nos hemos venido apoyando mucho, principalmente, en redes sociales. Si no hubiese sido por el trabajo conjunto de todas estas librerías: librerías de barrio y librerías pequeñas, que hacían llegar nuestros libros en físico, solo hubiera sido posible centrarnos en los libros digitales. Por lo cual, el trabajo de la mano de librerías independientes para nosotros ha sido fundamental y algo que hemos venido destacando mucho desde el año pasado.
bte: Luego de este balance, ¿qué es lo que más rescata la Editorial de la Universidad Veracruzana del 2020?
égv: Como ya lo vengo mencionando, para mí el gran actor del año pasado fueron las librerías, las pequeñas librerías que pudieron tener acceso a un catálogo am- pliado y a cuestiones de impresión bajo demanda. Y es que parte de nuestra estrategia de difusión de libros literarios fue y ha sido con ellas. Hemos funcionado un poco como esos negocios de comida rápida que por medio de mototaxis hacen la distribución de sus pro- ductos. Y es que, si bien las librerías también estaban confinadas, contaban, no solo con un canal de distri- bución regional que nosotros aprovechamos, sino con un grupo y una red de lectores que solo podían acce- der a nuestros libros en físico mediante estos canales de distribución. Incluso en detrimento de los puntos de venta locales, desde el punto de venta de mi propia editorial. Y es que lo que me interesaba era fomentar que el lector consultara las librerías en donde, además de encontrar mis libros, pudiese encontrar libros de
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