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Las ferias del libro en pandemia

Gerardo Tassara

Miembro de la Comisión Ejecutiva REUN
Miembro del Comité de Comunicación EULAC

Las ferias del libro en todo el mundo suponían un acontecimiento único, un lugar de encuentro con los colegas editores, de intercambio de propuestas de trabajo, de conocer finalmente a nuestro autor favorito, de poder cerrar una gran oportunidad para la editorial. Todo esto se reflejaba en cada uno de los que, año a año, asistía a las distintas ferias del libro que se daban alrededor del mundo.

Desde ya que todos sabían de las ferias más trascendentes e importantes para el mundo editorial tanto en Europa como en América, esas que estaban marcadas a fuego en nuestro calendario de viajes, las infaltables. Todos se preparaban para esa gran fiesta.

Desde el comienzo de la pandemia, todos supieron al instante que esas sensaciones ya no volverían, pero sin embargo poco a poco y con mucho esfuerzo colectivo pudieron comenzar a ver como se preparaban, organizaban y estructuraban las ferias del libro virtuales. Así es como algunas de las ferias más importantes levantaron bandera y se organizaron en torno a una nueva forma de intercambio a través de la virtualidad. ¿Era lo mismo? desde ya que no. Pero sin duda esta metodología abrió las puertas a posibilidades que estaban veladas, a permitir mostrarse en lugares que nunca hubiesen imaginado y poco a poco comenzaron a sentir esos encuentros como oportunidades en medio de una devastadora realidad sanitaria, económica y social.

Así es que todos se embarcaron en proyectos diversos, algunos más ambiciosos que otros pero con la certeza que ese año no perderían la oportunidad de mostrarle al mundo lo que sus editoriales habían consolidado. De esta manera muchas editoriales pequeñas y medianas pudieron vincularse con sectores que de otra manera no hubieran podido, o bien autores que vieron su obra difundida y visibilizada en lugares y países que jamás imaginaron. Este es el gran acierto de la virtualidad, su masividad.

Habiendo transcurrido más de un año de pandemia y aún con un año complejo por delante todos se preguntan si esta forma de concebir y desarrollar las ferias ha llegado para quedarse o si por el contrario quedará como anecdotario de tiempos difíciles en los que la humanidad una vez más tuvo que adaptarse.

La virtualidad es un hecho incontrastable que continuará acercando fronteras y posibilitará que muchos conozcan a otros muchos y que esa obra pueda revelarse ante el mundo entero y conquistar lugares que de otra manera serían imposibles. Ese es el punto más significativo de las ferias virtuales. Sin embargo, lo único cierto en todo esto es que el mundo editorial espera ansioso que vuelvan las ferias presenciales, esa gran fiesta del libro en donde los encuentros personales nos llenan de expectativa, en donde la palabra sienta mejor de cerca y en donde una vez más todas y todos podemos ofrecer orgullosos nuestro trabajo editorial
sin pantalla de por medio y sabiendo que el otro es igual a nosotros.

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